Crisis, una nueva recesión y más paro, negros nubarrones y malos augurios planean sobre el futuro de la economía española y su capacidad de regeneración. Nuestro recién estrenado gobierno se ha sumado con firme decisión a las implacables políticas de austeridad que nos dictan en Centroeuropa, políticas y actuaciones que ya puso en práctica nuestro anterior gobierno con los lamentables resultados que ya estamos sufriendo: más paro (5270000 parados según última EPA) y una nueva recesión aún más profunda. A estas alturas y cada vez más cerca del abismo es lógico preguntarse: ¿es éste el camino correcto para volver a crecer y salir de la crisis o sólo una doctrina neoliberal dominante que conduce hacia el estrangulamiento, la asfixia y el hundimiento de nuestra economía?
Lo que hay que hacer
A veces tenemos la sensación de que pase lo que pase en nuestro en país, pensemos lo que pensemos los ciudadanos e incluso nuestros gobernantes, serán las doctrinas y pensamientos dominantes de “otros” los que finalmente impondrán las condiciones del juego, ellos saben lo que hay que hacer. Los mercados presionan, las agencias de rating opinan, el FMI aconseja y la señora Merkel concluye en un alemán seco y tajante con algún tipo de decisión presuntamente correcta y dolorosa, siempre dolorosa para los mismos. Los medios de comunicación construyen después un relato convincente de la dramática situación legitimando y difundiendo el mensaje dominante propuesto por los poderes fácticos como única alternativa posible.
Mientras tanto los vapuleados y cada vez más exhaustos ciudadanos de nuestro país convencidos de estar en buenas manos, van viendo como poco a poco se reduce su calidad de vida, sus bolsillos pesan cada vez menos, las calles se van llenando de parados y se multiplican cada vez más los harapientos. Lo que a priori es malo para unos (los ciudadanos) parece bueno para otros. Como ha afirmado recientemente nuestro ministro de economía en el Foro de Davos, los “brutales” recortes son como poner orden en casa y ante todo una “señal para los mercados”, un guiño a los que de verdad mandan, una reverencia ante el FMI, una genuflexión ante Angela Merkel y el poderoso Bundesbank.
Y el paro sigue aumentando
Ya se han escrito ríos de tinta sobre las causas obvias de nuestra crisis, del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la irresponsabilidad de unos, de la codicia de otros, del terremoto financiero que nos ha golpeado desde fuera. Sin embargo una vez conscientes de la negligencia, lentitud e incompetencia de nuestros gobernantes en la Comisión Europea y la infinita avaricia e irresponsabilidad del sector bancario se hace necesario un replanteamiento y análisis de nuestra situación actual y de las políticas que estamos aplicando para salir de este profundo agujero. No hace falta un sesudo análisis para constatar que en nuestro país el paro sigue subiendo de forma imparable (la última EPA anuncia un nuevo récord con casi 5.300.000 parados) y lo seguirá haciendo el próximo año tal como advierte el FMI (algo saben del tema), entre otras cosas porque la política de austeridad y recortes en el sector público, como ya aventuró el gran Keynes hace 75 años, produce más y más paro.
Los neoliberales lo tienen muy claro
Es evidente que el control del déficit es la prioridad absoluta para Alemania, Bruselas y por tanto también para nuestro Gobierno. Pero como todos sabemos el déficit se produce por un desequilibrio entre ingresos y gastos. Sin embargo nuestros gobernantes incapaces de crear fuertes medidas de estímulo de la economía y aplicando desfasadas tesis neoliberales ponen su atención de forma obsesiva y exclusiva sobre el control del gasto; el fantasma de Hoover y la Gran Depresión vuelve a hacer acto de presencia. Es indudable que la buena gestión y racionalización del gasto público es fundamental para el control del déficit pero es igual de obvia la importancia de aumentar los ingresos estimulando la economía y aplicando una correcta política fiscal. Sin embargo los manidos y martilleantes mensajes pregonados por los serviles medios de comunicación siguen calando en las desprotegidas mentes de los ciudadanos, veamos cuáles son éstos y qué se oculta tras ellos:
1. Se dice: Hay demasiados empleados públicos en España; parece obvio, si eliminamos empresas públicas o recortamos sus plantillas ahorraremos o reduciremos el gasto público.
No se dice: El sector público en España (9% de la población activa) es de los más reducidos de Europa. Compárese con Suecia (25%), Finlandia (24,64%) o Dinamarca (31,27%), datos de 2008. Si en nuestro país tuviéramos la misma proporción de empleo público que en Suecia, aquí no habría paro.
2. Se dice: Nuestro gasto social es desorbitado, el despilfarro de las autonomías es culpable del déficit. El gasto público y social es insostenible. No hay duda de que se ha despilfarrado y mucho: aeropuertos sin pasajeros, obras faraónicas innecesarias, malversación de fondos públicos, etc.
No se dice: El gasto social en España es un 21% del PIB, muy por debajo de la media UE-15 que es del 27% y a años luz de países como Suecia (30%). Es por tanto un gasto menor aunque mal repartido o utilizado en lujos innecesarios en lugar de donde hace falta. Curiosamente nuestros vecinos con menor gasto público o más parecidos a nosotros son Grecia (25%), Portugal (23%) e Irlanda (21%), todas ellas economías rescatadas.
3. Se dice: Los europeos pagan más impuestos o al menos sus Estados los recaudan mejor.
No se dice: En España el Estado sólo recauda un 32% del PIB muy por debajo del 44% que es la media europea y a una distancia astronómica del 54% que recauda cada año un país como Suecia. La economía sumergida descontrolada, supone según el Ministerio de Hacienda, un 23% del PIB en nuestro país alrededor de 245000 millones de euros. La evasión de impuestos generalizada por parte de bancos y grandes multinacionales, las SICAVS y los paraísos fiscales aglutinan el resto de la factura en una estafa conocida y permitida por todos los gobiernos. Las grandes empresas españolas sólo pagan un 10% de sus beneficios reales y los multimillonarios que gestionan sus ingresos y patrimonios mediante las SICAVS sólo tributan el 1%. En cambio un trabajador de clase media contribuye con un 25% de su renta. Empresas como Google y Apple facturan cientos de millones en nuestro país y tributan el 99% de sus beneficios en Irlanda y otros paraísos fiscales donde los tipos impositivos son mucho menores o inexistentes, utilizando la ingeniería fiscal para realizar todo tipo de chanchullos que sólo ahora con el país en bancarrota empieza a investigar Hacienda ¿Dónde está la justicia fiscal?
4. Se dice: España es pobre, nuestra economía no es competitiva, no tenemos materias primas ni grandes multinacionales.
No se dice: España no es pobre, su riqueza está en la media europea pues su nivel de PIB por habitante es del 94% de ese promedio. No es cierto que España no tenga recursos para corregir su déficit social lo que ocurre es que no los recauda.
5. Se dice: El sistema de pensiones público es insostenible. Es una evidencia, cada vez vivimos más años y cada vez somos menos para sostener a tantos ancianos.
No se dice: El sistema de pensiones también está ligado a la productividad. El 3% de la población activa trabajando en agricultura produce hoy en día lo mismo que el 30% de la población hace 40 años. Entonces se necesitaban 6 personas para sostener a un pensionista, hoy se necesitan 3. Es más que probable que la productividad siga creciendo en el futuro.
6. Se dice: Para crear empleo hay que bajar los sueldos. Reduciendo los costes laborales se abaratará el coste unitario de nuestros productos y nuestras empresas serán más competitivas mejorando las exportaciones y reduciéndose el déficit comercial.
No se dice: Existe otra manera de abaratar el coste unitario que es aumentar la productividad o lo que es lo mismo producir más por cada trabajador o cada hora de trabajo. Recortar los salarios es reducir el poder adquisitivo y por tanto el consumo. Las PYMES y empresas locales no tienen a quien vender sus productos y quiebran. Sólo las multinacionales más poderosas, que venden sus productos más allá de nuestras fronteras poderosas y las empresas que tienen su demanda cautiva (proveedores de energía, telecomunicaciones, etc) se ven beneficiadas con esta medida que por lo demás es nefasta para la economía.
7. Se dice: Los españoles hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nuestros sueldos son demasiado altos en relación con lo que producimos.
No se dice: Los salarios reales (cuantificados teniendo en cuenta el aumento del coste de la vida) cayeron casi un 6% entre 1994 y 2006 al inicio del comienzo de la crisis. Es decir, se ha perdido poder adquisitivo.
8. Se dice: Las empresas españolas no son competitivas, nuestros trabajadores deben hacer más por menos. Se nos compara con el modelo chino.
No se dice: Volvernos chinos es una buena idea para las grandes multinacionales que exportan sus productos al exterior y para las grandes empresas inversoras. Las PYMES y empresas locales terminan quebrando por la caída de la demanda interna y produciendo más paro. El poder se concentra una vez más en manos de unos pocos reduciéndose la libre competencia. Nuestra competividad debe sustentarse en la mayor productividad, en la calidad, en la especialización y en la innovación. Además como cualquier economista entiende, no se puede ser competitivo en todo.
9. Se dice: El salario mínimo produce paro. Es evidente, cuanto más cuesta el trabajador más reacio es el empresario a contratarlo. Debe mantenerse bajo o incluso desaparecer.
No se dice: No hay evidencia empírica. Grecia, España y Portugal son los países con el salario mínimo más bajo de la UE-15 y al mismo tiempo tienen las mayores tasas de desempleo. El salario mínimo duplica al nuestro en países como Francia, Bélgica, Gran Bretaña y Holanda todos ellos países con bastante menos desempleo. La respuesta está como siempre en que un salario mínimo mayor aumenta la demanda y la capacidad de compra, reactivando la economía en su conjunto y produciendo empleo.
10. Se dice: Es necesaria una reforma laboral profunda. Como recientemente ha dicho Angela Merkel el nivel tercermundista de paro juvenil en España (cercano al 50%) está directamente relacionado con nuestra rígida legislación laboral. El despido es caro en España y por ello nuestros empresarios se niegan a contratar. Además es necesario un contrato único para simplificar los modelos de contratación. Con nuestros niveles de desempleo es evidente la urgencia de una gran reforma laboral.
No se dice: Reforma sí pero para mejorar. Con esta misma legislación laboral España creció por encima de la media europea en los años anteriores al inicio de la crisis. Reforma laboral es en este momento sinónimo de recortar derechos y prestaciones sociales de los trabajadores, derechos conseguidos tras muchos años de lucha obrera y sindical. Cerca del 30% de los contratos en nuestro país son temporales con un coste de despido nulo. La precariedad de nuestro mercado laboral duplica la media europea. Eliminar los convenios sectoriales es reducir el poder de negociación para el trabajador ¿Qué esconde el contrato único, es una forma de acabar para siempre con el contrato indefinido, cuánto rebajará la indemnización por despido y otras protecciones? Nadie lo sabe por el momento. La reforma laboral, como el propio ministro de Economía reconocía en una reciente entrevista en TVE es ante todo una cuestión de confianza de cara a los mercados y a la exigente canciller alemana. Sólo así podremos aspirar a otras ayudas por parte de Europa como el excedente de los fondos de cohesión.
11. Se dice: en España no hay cultura de emprendedores. Los jóvenes sólo aspiran a ser funcionarios y tener un trabajo estable. El empresario está mal visto en nuestro país. Somos uno de los estados europeos con una tasa menor de jóvenes emprendedores (1,3%) muy por debajo de la media europea (2,4%) en 2011.
No se dice: recientemente el Washington Post calificaba a España como el Valle de la Muerte de los emprendedores por la cantidad de dificultades y trabas burocráticas necesarias para crear una empresa. Al mismo tiempo el Banco Mundial clasificaba a España en el puesto 147 del mundo (por detrás de la República del Congo) por su dificultad para crear empresas. En 2011 el 87% de las PYMES tuvieron dificultades para acceder a un crédito; miles de pequeñas y medianas empresas (las que crean más del 80% del empleo en nuestro país) están quebrando por algo tan simple como la falta de liquidez, destruyendo cientos de miles de empleos. Los mismos bancos que dedicaron sus ganancias y orientaron su negocio hacia la especulación con productos de alto riesgo basados en las hipotecas subprime reciben ahora una lluvia de liquidez al 1% por parte del BCE que no fluye hacia empresas ni ciudadanos sino que es destinado a tapar sus agujeros y a comprar deuda soberana de los estados a intereses enormemente rentables, un negocio redondo donde como siempre la banca gana.
Si la receta es sólo para unos pocos no es una buena receta
Los medios de comunicación han contribuido de una peculiar manera a componer y modular un mensaje dominante, un pensamiento único, inoculando con precisión las tesis neoliberales como única alternativa para gestionar la economía. Es evidente que no existe una receta milagrosa para salir de este profundo atolladero. En el caso de España es una prioridad absoluta la reducción del enorme y vergonzoso número de parados algo que como ya ha señalado el premio Nóbel de economía Joseph Stiglitz no es posible por la vía fundamentalista de la austeridad, sino estimulando la economía con políticas expansionistas que aumenten la demanda global y la capacidad de compra. Si las empresas no tienen a quien vender sus productos, no crecerán y no podrán crear empleo. Ejemplos como Irlanda (una especie de laboratorio de las tesis neoliberales) nos demuestran que las recetas neoliberales de recortes sociales, salariales y del gasto público no funcionan, solo benefician una vez más al sector privado y a la banca al producirse un aumento de la demanda del crédito. El pensamiento dominante, el mismo que pregonan los mercados financieros y reclaman insistentemente los poderes fácticos es el mismo que nos ha llevado al colapso y a la crisis, el mismo que ha conseguido que el 75% de la riqueza mundial esté en manos del 1% de la población o que en países como España el 0,0035% de la población controle recursos por valor del 80,5% del PIB.
Es un deber de todos no perder de vista los intereses de los ciudadanos en beneficio de unos pocos y por qué no plantearnos que quizá el mensaje dominante no sea la solución, quizá solo se trate, como ha señalado el premio Nóbel de economía (2008) Paul Krugman, de la “docta incompetencia de la teoría macroeconómica actual”.














